UN CUENTO SOBRE LA ADOPCION
En un pueblecito al sur de España vivían una familia formada por B y A, sus dos perros N y Z.
Tenían una casa bonita y eran felices, pero a pesar de que habían querido tener hijos a los de que querer y con los que compartir todas las cosas buenas que tenían, pasaban los años y los niños que buscaban no habían llegado.
Hasta que un día sucedió algo, algo sorprendente, así se hizo realidad un sueño, así comenzó vuestra historia, nuestra historia.
Era marzo, y, a pesar de ser primavera, la cigüeña blanca y negra de pico largo que todos los años hacía su nido en el campanario de la iglesia aún no había llegado.
Esa mañana, el sol grande y amarillo entraba por la ventan de la cocina. De fondo se oía una música suave, alegre y profunda a la vez, se llamaba aire. Era sábado y no había que trabajar.
¡Guau, guau! ladró N, Z movía la cola y con su hocico empujaba a Álvaro hacia el jardín.
¿Qué sucede? ¿Por qué esos ladridos, N? Preguntó B, no sé qué pasa, respondió A, pero Z me lleva hacia el jardín, voy a ver, dijo A.
N y Z se pararon debajo del árbol de la esquina y allí moviendo muy rápido sus colas, con las patitas de adelante levantadas señalaban hacia las ranas.
Allí en lo más alto del árbol estaba posada la cigüeña. ¡era tan bonita! con sus largas patas, su carita pequeña y su gran pico naranja, miraba a A fijamente.
¡Ven B! avisó A enseguida: en el árbol ¡mira! exclamó, está posada la cigüeña de la iglesia, ¡ven a verla!.
B se acercó despacio para no asustarla. Parecía cansada, tendió la mano para acariciarla y entonces la cigüeña sacó con su largo pico naranja un gran sobre de debajo de su ala negra, lo dejó caer al césped e inició su vuelo rumbo al campanario. Nata cogió el sobre con su hocico y se lo dio a A.
En el sobre, escrito con unas extrañas letras que apenas se entendían estaba escrito:
“Mensaje urgente desde Rusia”
A con curiosidad abrió rápidamente el sobre, dentro del sobre había un mapa de Europa. Sobre él dibujada en color rojo una línea unía el sur de España con una ciudad de Rusia que se llamaba Nizhniy Novgorod.
B y A nunca hasta entonces habían oído hablar de ella. Con las mismas extrañas letras, justo debajo del mapa decía:
“Vuestros hijos están allí”
A y B se miraron sorprendidos, siempre quisieron tener hijos pero nunca imaginaron que tendrían que ir tan lejos a buscarlos. N y Z brincaban y ladraban alegres alrededor de sus perplejos amos que, de la sorpresa, se habían quedados paralizados.
Cuando salieron de su asombro dieron la vuelta al curioso mapa en busca de alguna otra pista. Allí, tal como pensaban había escrito un mensaje:
“Queridos B y A: para ver cumplido vuestro mayor deseo debéis viajar muy pronto a Rusia. Tenéis que estar en Nizhniy Novgorod el día veinte de mayo. En esa ciudad vive el hada I.
Es muy importante que estéis allí exactamente ese día porque en Rusia comienza el verano y las hadas para celebrarlo cada año conceden un deseo.
El año pasado estuve allí y le hablé al hada I de vosotros, le conté que había traído muchos niños a los papás y mamás del pueblo de B y A pero que ya no iría más pues me hago vieja.
El hada que sabía que había muchos niños buscando padres me ha dado este mapa para vosotros”
Firmado: Al
Ese era el nombre la cigüeña.
B y A apenas terminaron de leer el mensaje se pusieron manos a la obra. Prepararon las maletas y emprendieron el largo viaje hacia la ciudad desconocida.
Primero tuvieron que llegar a Madrid de allí a París, la capital de Francia, desde allí volaron a Moscú, la capital de Rusia.
Moscú es una ciudad muy muy grande con las iglesias y palacios de cúpulas doradas que resplandecen con el sol.
Nada más llegar A y B miraron a su alrededor, pues no conocían a nadie y todo era extraño.
De repente a su lado y sin notarlo apareció una mujer alta de cabellos dorados, mejillas sonrosadas y una dulce sonrisa.
¡Hola! Dijo con voz dulce, mi nombre es M y me envía el hada I para que os ayude a llegar a su ciudad.
A y B que estaban impacientes por convertirse en papá y mamá preguntaron a M:
- ¿vamos a conocer pronto a nuestros hijos?
- ¿cuántos van a ser?
- ¿serán niños o quizás niñas?
- ¿nos vas a decir sus nombres?
M sonrió y en sus ojos apareció una estrella.
Con suave y dulce voz les dijo:
- Aún es pronto. Tenéis que tener paciencia. Habréis de regresar a vuestro pueblo y allí esperar a que el hada I os avise de nuevo; entonces, si todo va bien, vendréis y los conoceréis.
- ¿Qué tenemos entonces que hacer? ¿Para qué hemos venido? Preguntó B algo desilusionada.
Nuevamente aparecieron las estrellas en los ojos de M y entonces les contó:
- Ahora habéis venido para pasar unas pruebas que las hadas hacen a los hombres y las mujeres que quieren convertirse en padres. Sólo a los que logran superarlas las hadas le conceden su deseo, pues los niños y niñas que cuidan las hadas hasta que les encuentran un papá y una mamá se merecen los mejores y nosotros los buscamos por todo el mundo y los seleccionamos para ellos. Para eso os ha llamado Irina.
A sorprendido por todo aquello le preguntó a aquella mujer de aspecto dulce y misterioso:
- ¿Tú también eres un hada?
M sonrió y respondió:
- No yo no soy un hada, soy un ángel que he venido para ayudaros, no os preocupéis conozco a Al, la vieja cigüeña española, ella me ha contado muchas cosas sobre vosotros. Ya sé que os queréis mucho, que tenéis una casa soleada y dos perritos muy simpáticos que les gusta mucho jugar. Ahora descansad que os queda un largo camino hasta llegar a Nizhniy Novgorod.
A la mañana siguiente después de viajar toda la noche en el tren, el hada I los condujo al castillo del rey de las hadas rusas en mitad de un gran bosque rodeado por dos inmensos ríos.
Una vez allí, dos hadas muy jóvenes de piel tan blanca como la nieve y ojos del color del cielo rodearon a B y A y danzando a su alrededor una vez cada una les hicieron muchas preguntas. De repente las hadas jóvenes dejaron de bailar y entonces apareció el príncipe de las hadas que mirando con sus grandes y fríos ojos del color del hielo a A y a B les preguntó:
- ¿Cómo queréis que sean vuestros hijos?
A miró a B y a la vez y sin pensarlo respondieron:
- Queremos unos niños buenos, valientes y cariñosos, que se quieran mucho entre ellos y que nos quieran a nosotros, que les guste que mamá les bese por la noche antes de dormir y jugar con su papá y con N y Z.
Entonces las hadas miraron al príncipe, éste levantó la mano y haciendo girar su dedo apareció un gran libro. Las hadas volando lo llevaron a donde estaban B y A y dijo el príncipe:
- Firmad en el libro mágico. Habéis sido buenos y valientes, habéis superado nuestra prueba y viajado desde muy lejos hasta aquí. Pronto volveréis a conocer a los niños que podrán ser vuestros hijos para siempre. Ahora tenéis que regresar a vuestra casa.
Una vez de regreso en casa A y B contaban los días impacientes por tener noticias de Rusia. Les parecía que habían sido olvidados por las hadas y el príncipe a pesar de su promesa de que pronto conocerían a sus hijos. Pasó todo el verano y no había día en que A y B mirasen al cielo y al gran árbol de la esquina buscando otro mensaje.
Por fin, una mañana de domingo en la que B había ido a la iglesia a rezar y pedir al niño Jesús que cuidara de sus hijos, a esos niños que aún no conocían pero que ya querían tanto que no podían dejar de pensar en ellos ni por un momento, A estaba en casa cuidando el jardín con N y Z, sonó el timbre de la puerta; A abrió, miró a un lado y a otro pero no vio a nadie.
- ¡Qué raro!, habrá sido el viento. Pero N que es una perrita muy lista cogió con su hocico un gran sobre que alguien había dejado en el suelo.
A esperó a B y cuando ésta hubo regresado de la iglesia le dijo:
- ¡Mira B ¡Por fin!. Dentro del gran sobre con las mismas extrañas letras que el primer mensaje había una carta que decía:
“Queridos amigos: ya hemos encontrado a vuestros hijos. Podéis venir de nuevo a Nizhniy Novgorod para conocerlos el día 12 de octubre.
Besos y abrazos.
Firmado: el Hada I”.
A y B se sentían tan felices que enseguida comenzaron a preparar este segundo viaje y buscaron los billetes de tren para llegar a Madrid, desde allí esta vez volaron a Ginebra, una ciudad que está en el centro de Europa en Suiza, y de allí a Moscú de nuevo.
El tiempo con tantos preparativos pasó tan rápido que muy pronto llegó el día más esperado de sus vidas, el 12 de octubre de del año 2.002.
El camino hasta Nizhniy aunque largo se les hizo corto, A y B apenas si habían dormido unas horas antes durante los dos días que duró el trayecto pero la ilusión les hacía no sentir el cansancio.
Al día siguiente el hada I les recogió muy temprano y en su carroza, tras una hora de camino entre bosques de árboles altísimos y hojas rojas y doradas llegaron a un pueblecito. Irina detuvo su carroza y sonriendo dijo: ¡ya hemos llegado!.
Allí en una casa rodeada de un pequeño jardín con columpios de madera vivían muchos niños. Eran los niños que las hadas cuidaban porque sus otros padres o habían muerto o, aunque querían, no podían cuidar de ellos.
A y B llamaron a la puerta y un hombre alto y delgado de bonitos ojos verdes, que después resulto ser un mago, les abrió la puerta y haciendo una señal les invitó a pasar, saludando al hada I en un idioma que A y B no podían comprender.
De repente se abrió una puerta cuando el mago giró sus dedos y entonces de la mano de un hada regordeta de mejillas sonrosadas apareció AAA, era el niño más guapo que A y B habían visto jamás, al menos eso les pareció en aquel momento. Algo tímido se escondía detrás del traje de color verde de su hada protectora. Entonces el mago giró nuevamente sus dedos e hizo aparecer un juguete. AAA lo cogió, soltó la mano de su hada y lo llevó a B y a A, se miraron y entonces lo tres como por arte de magia supieron que eran una familia.
Al poco tiempo se abrió de nuevo la puerta y el hada regordeta de sonrosadas mejillas y de aspecto bonachón apareció trayendo en sus brazos otro niño gordito y adormilado tan precioso como AAA. Se llamaba BBB.
BBB al ver a B y A miró al mago y a AAA y entonces sin decir una sola palabra con la misma magia de hacía unos instantes, BBB tendió sus brazos a B
De pronto el mago y las hadas desaparecieron y se quedaron sólo los cuatro, A, B, AAA y BBB.
El tiempo parecía haberse detenido y el mundo tan grande y redondo se transformó en una pequeña habitación cuadrada donde los cuatro pudieron abrazarse, jugar y tomar fotos para que toda la familia y los amigos de A y B pudiesen conocer pronto a sus hijos.
Sonó una campana y el hada protectora apareció sonriendo, los niños tenían que regresar con ella. Ya no podrían estar con A y B hasta que volvieran de nuevo.
¡Hasta pronto queridos hijos volveremos a buscaros y vendréis con nosotros a nuestra casa ya juntos para siempre!.
Pasó el invierno, las Navidades, y cada día que pasaba se hacía más largo y triste para A y B pues no entendían porqué tenían que esperar tanto para reunirse de nuevo, esta vez para siempre, con sus hijos.
Aunque sabían que AAA y BBB estaban bien cuidados y queridos por sus hadas cuidadoras, no dejaban de preguntarse a ellos mismos como estarían AAA y BBB, ¿cuánto habrían crecido, Dios mío?
Para hacer la espera más llevadera A y B preparaban la casa para sus hijos, construyeron una habitación de juegos, decoraron el dormitorio, compraron ropa nueva, pero les faltaba lo más importante: tener a sus hijos con ellos.
Una fría noche de febrero A salió al jardín a contemplar las estrellas cuando de repente una de ellas, la más brillante de todas ellas bajó despacito hasta posarse en el árbol de la esquina del jardín donde la primera vez se posó la cigüeña.
Álvaro se acercó y cuando cesó la luz que le cegaba pudo ver otro gran sobre, el tercero. Lo cogió y corriendo lo llevó a donde estaba B, lo abrieron enseguida y con las mismas letras de siempre había otra carta que decía:
"Mis queridos amigos, el día 19 de marzo es el día del padre, ese día tenéis que estar en mi ciudad para la última gran prueba, si la pasáis AAA y BBB regresarán a España a vuestra casa con vosotros".
Esta vez el viaje era muy especial, si todo salía bien regresarían los cuatro, así que hubo que preparar el doble de maletas.
Cuando llegaron a Moscú M esperaba a A y B en el aeropuerto.
Estaba más guapa que nunca.
Al día siguiente les acompañó al tren que va de Moscú a Nizhniy Novgorod y se despidió de Ay B con su dulce sonrisa y estrellas en los ojos, les dijo:
- Estoy segura de que todo va a ir muy bien, pronto vendrá recoger a los cuatros.
Una vez en Nizhniy el hada I les recibió como siempre con besos y abrazos, les montó en su carroza guiada por su paje llamado Igor que los llevó hasta la casa del hada un palacio con las paredes de cristal y brillantes.
- Ahora descansad, les dijo el hada I. Mañana volveréis a ver a AAA y a BBB. Ellos decidirán si quieren ir definitivamente con vosotros y os quieren como padres para siempre.
A la mañana siguiente Igor el paje llevó en la carroza a B y a A al pueblo del bosque donde vivían AAA y BBB en el castillo de las hadas cuidadoras.
Era invierno y los árboles del bosque habían perdido sus hojas amarillas y rojas y todo estaba cubierto de una espesa capa de nieve.
B y A no podían esperar más, cuando llegaron a la casa de las hadas saltaron rápidamente de la carroza, subieron las escaleras y en un gran salón, de repente entraron AAA y BBB. Todos se abrazaron y jugaron un buen rato.
¡Qué felices estaban! Después de cinco largos meses sin verse al fin estaban juntos.
Al poco tiempo vino el hada cuidadora, preguntó a los niños si aceptaban a A y B como sus nuevos papás y los dos muy contentos dijeron ¡dá! Que significa ¡sí!.
Entonces el hada I con voz ceremoniosa les dijo a B y A ¡de acuerdo pues! Mañana será la gran prueba, ahora tenemos que regresar para prepararla.
Al día siguiente I, el hada buena llevó a B y a A al castillo del rey de las hadas en el que estuvieron la primera vez. Allí en esta ocasión no había hadas jóvenes que bailaran, ni el libro mágico, sólo B y A en una enorme habitación con un trono presidido por un águila con dos cabezas.
De pronto, por arte de magia, apareció el rey de las hadas con su gran corono de oro y piedras preciosas vestido con una larga capa de color negro. Ordenó que A y B se pusieran de pie y, mirándoles fijamente, tras unos minutos, les preguntó:
- ¿Qué han dicho AAA y BBB?
- ¿Están dispuestos a abandonar la casa del bosque donde viven con las hadas?
- ¡Contestad!, ordenó con fuerte voz.
A y B, que sabían que esto era una prueba y que por tanto la pregunta podía ser más difícil de lo que parecía, se miraron y entonces A contestó:
- Majestad, los niños quieren venir con nosotros y nosotros queremos que vengan a vivir a nuestra casa y ser sus padres, pero lo más importante no es lo que nosotros queramos, sino lo que sea más bueno para ellos. Por eso si su sabia majestad considera que es mejor para AAA y para BBB que vivan con las hadas, nosotros acataremos, aunque tristes, su sabia decisión.
Entonces el rey se levantó de su trono y con una voz potente como un tueno dijo:
- ¡ Sea! y entonces una lluvia de flores cayó del cielo inundando la estancia.
A la mañana siguiente A y B, más felices que nunca, recogieron a AAA y a BBB, que entre risas de felicidad y lágrimas de cariño se despidieron de sus hadas cuidadoras, los demás niños y niñas y del mago.
La nieve caía despacio y la carroza del hada I guiada por C se alejaba lentamente del bosque, esta vez con una nueva y feliz familia que viviría a partir de ahora unida para siempre
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